15 feb. 2011

El día que me sentí Tito

Era un día gris, y no solo porque había llovido, no solo porque era una lúgubre tarde de mediados de febrero.

Tras un día de trabajo normal, que había sido arreglado por el anuncio de boda de una gran amiga, había comido sólo (sí, con tilde, como en la vieja escuela) igual que el día anterior; había comido pescado como el día anterior. Eso sí, un pescado delicioso, especialmente delicioso, cocinado por mi madre. Tras el almuerzo, afrontaba el segundo día de la #OperaciónRetorno al gimnasio. Había recorrido unos 5 km en 30', había hecho máquinas y abdominales. Nada interesante. Ni una palabra había salido de mi boca en horas, ni una sonrisa se había dibujado en horas. La insoportable levedad del ser humano.

A la vuelta, tras ducharme y ordenar el piso, me senté frente al ordenador. Estudié y busqué inspiración, pero no es recomendable diseñar cosas tristes en un día triste. Mi cabeza estaba llena de problemas, mi cabeza estaba en la capital del Reino.

Pero la vida no frena. No frena para lo malo, ni frena para lo bueno. El recurrido proverbio "cuando algo va mal, puede ir a peor" se erigía como una auténtica espada de Damocles en estos días grises. Pero la Ley de Murphy en esta ocasión me benefició con su teorema de "Ante dos opciones, la escogida es la incorrecta", y cuando habría apostado que algo iría a peor, algo fue a mejor!

En Spotify sonaba 'The Lost Children' del gran Jacko cuando sonó el inalámbrico. Era mi hermano.

Mi hermano, aquella persona de la que he hablado alguna vez en este blog. Esa persona que admiro, me dijo que tenía una noticia que darme.

La última vez que me pronunció esa frase, me dijo que se casaba. Sin duda, una gran noticia para la familia. Pero en esta ocasión, la frase cobró más importancia si cabe, para anunciarme el advenimiento de su primogénito.

"Meli está embarazada y voy a ser padre"



Recuerdo la frase porque fue pronunciada hace apenas unas horas. Pero aunque pasen días, años o décadas, la recordaré. Uno no sabe que va a sentir hasta que lo siente, y yo he sentido como crecía una sensación de felicidad dentro de mi. Será mi primer sobrino, es casi mi hijo y la sensación es indescriptible. De repente, he llorado como un bobo, he llorado de alegría. No había ni el ápice de tristeza que sentí melancólico, cuando me anunció su boda.

La familia crece y ya me siento Tito. Estoy deseando que llegue octubre para poder ver a ese bebé enano, pasearlo, olerlo y jugar con él, o ella, que lo mismo da. Un nuevo Pérez está en camino y no queda sino esperarlo, con impaciencia e ilusión.

Hoy es un día feliz. Algo está creciendo en el vientre de Meli y se está alimentando de la felicidad y de la ilusión de toda la familia.